Buenos Días Vietnam: el día que Cuba jugó al fútbol en la guerra

octubre 28, 2005 at 3:53 pm Deja un comentario

Allá por 1970, Los Beatles editaban Let it Be, mientras la voz de Jimmy Hendrix se apagaba y el Brasil de Pelé, Jairzinho, Gerson, Tostao y Rivelino deslumbraba al mundo en México. Pero la gesta deportiva más heroica ocurrió lejos de los flashes, las cámaras de TV y el inclemente sol azteca. En realidad, fue entre granadas, balas, bombarderos B-52 y gas napalm. Es que en aquel convulsionado 1970 la selección cubana de fútbol cruzó el mundo para jugar una serie de amistosos en medio de la guerra de Vietnam.

Luis Hernández era por aquel entonces el capitán de la selección de Cuba. Hoy, es el presidente de la federación de fútbol de su país. Vive en La Habana y desde allí cuenta el viaje: “En 1970 ganamos los juegos centroamericanos de Panamá y los dirigentes nos dieron la posibilidad de hacer una gira. Empezamos por Europa, más precisamente en Alemania Federal, donde fuimos a un colegio a dar una charla. Cuando dijimos que nuestro próximo destino era Vietnam, escuché un fuerte murmullo en toda la sala. Nadie podía creer que fuéramos allí”.

—¿No tenían miedo?

—No, éramos jóvenes y todo nos resultaba una aventura.

Y la aventura empezó: el seleccionado cubano arribó a la ciudad de Nam Ha en agosto y el día 30 venció 3-0 al combinado provincial. Tres días después, perdió 3-2, en Hanoi, ante el equipo del ejército popular. Los otros seis partidos se jugaron en Haipong, Hong Bai y Viet Bac, contra rivales como el combinado policial, empleados ferroviarios, provinciales y la mismísima selección de Vietnam del Norte. ¿El saldo? Cinco empates y una derrota. “Ibamos a entrenarnos y el ejército estaba emplazado ahí mismo. Extraoficialmente jugamos más de 20 partidos para estimular a las tropas, era su momento de distracción”, remarca Hernández.

—¿Cómo era jugar al fútbol en medio de la guerra?

—Durante el primer partido, en la ciudad de Hanoi, escuchamos una explosión de un avión y unos disparos, no sabíamos para dónde correr. Después una tarde en Ho Chi Minh dormíamos la siesta, cuando pasó una escuadrilla de aviones y empezaron a sonar las alarmas. Salimos medio dormidos y nos metimos en un refugio. No sabíamos qué hacer, escuchábamos explosiones por todos lados. Aquello duró un minuto pero fue con gran temor.

—¿Y la gente se enganchaba con los partidos?

—En plena guerra y dificultades, el fútbol es capaz de unir a todo el mundo. Conocimos gente muy sencilla y humilde, que demostró valores humanos que nos impresionaron. Antes de venirnos, por ejemplo, nos encontramos con Pham Van Dong, el presidente del país. Le pedimos organizar un partido para los niños y que no se cobrara entrada. Y el partido se armó. Ese día, la gente iba al estadio desde las 6 de la mañana. Hubo como 90.000 personas, parecía que estabas en otro lado. Cuando terminamos, miles se abalanzaron sobre nosotros. La salida fue increíble, muchos acabaron en el piso. Al único que le pasó algo parecido debe haber sido a Maradona, je.

Luis tiene hoy 55 años, pero en aquel entonces era apenas un joven. “Fue una gran experiencia que nos impresionó y nos marcó para toda la vida. A los 20 años, tú lo que tienes en mente son otras cosas. Ver aquello fue único. El valor y la alegría que brindaba el pueblo de Vietnam en plena guerra eran increíbles… ¡No estaban asustados! Creo que eso fue lo que los llevó a la victoria”.

—¿Y cómo era el día a día: en qué viajaban, qué comían?

—Nos llevaban de acá para allá en un camión camuflado. Después comíamos las comidas típicas, lo más parecido a lo nuestro era el arroz. Nosotros ya íbamos preparados para no causarles problemas, no protestar por nada. Les hicimos frente a las dificultades: en muchas aldeas no había agua potable y tomábamos la que hervían sobre la madera.

El envío del equipo cubano durante conflictos bélicos se repitió varias veces. “Estuvimos en Etiopía, Angola, en Corea del Norte, en total fueron seis meses…”, repasa Hernández una lista que sigue con otros destinos increíbles como Argelia, Mauritana, Sierra Leona, el Congo… “Recorrimos el mundo jugando al fútbol. Al cabo de los años, por el trato, el amor y el cariño, la despedida más emocionante fue la de Vietnam. Al irnos muchos lloraron”, afirma. Por sus servicios, ninguno percibió un sueldo, o premio. “Algunos tenían un estipendio (beca) como estudiante. Acá, el deporte es amateur”, subraya Luis. Sin embargo, en su casa, guarda como un tesoro restos de aviones estadounidenses que le regalaron los vietnamitas.

Ninguno de estos partidos fue reconocido oficialmente por la FIFA, por lo que no figuran en sus estadísticas. “No hizo falta que nos reconocieran los partidos. A nosotros nos alcanzó con llevarle algo de alegría a la gente”.

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Kasalo que te abrocha Entrevistado en Dame-Fútbol

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